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miércoles, 30 de mayo de 2012

Juan Manuel Blanes



Juan Manuel Blanes.
Nacido en Montevideo el 8 de junio de 1830, y fallecido en la ciudad italiana de Pisa el 15 de abril de 1901, Blanes es uno de los pintores uruguayos de mayor trascendencia; siendo llamado “El pintor de la Patria”, debido a que en muchas de sus telas recreó e inmortalizó los episodios más destacados de nuestra historia como país independiente.
Comenzó su actividad pictórica entre 1853 y 1854, realizando principalmente retratos de amigos y familiares. En 1857, le fue encomendada la pintura de ocho grandes cuadros al óleo representando escenas militares en que participara el General argentino Justo José de Urquiza, en su residencia del Palacio San José que éste construyó en Concepción del Uruguay.
En 1860, fue becado por el Gobierno del Uruguay para realizar estudios avanzados de pintura, los que efectuó hasta 1864 en París, Roma y Florencia; lo que le permitió adquirir una gran destreza en las técnicas pictóricas.
Su regreso al Uruguay en 1864, marcó el comienzo de su obra más trascendental, que no solamente estuvo constituída por cuadros de escenas de la historia patria, sino que comprende cuadros de extraordinario impacto y creatividad, como “La fiebre amarilla”, de 1871, en que representa una escena vinculada a la epidemia de tifus que se desatara en Montevideo, en la cual una madre yace muerta sobre el suelo al llegar el auxilio médico, mientras su pequeño hijo mama de su seno.
Entre los cuadros más importantes de Blanes, cabe mencionar “La muerte del Gral. Flores” de 1868, el mencionado “La fiebre amarilla” de 1871, “Los últimos momentos de José Miguel Carrera” de 1873, “El juramento de los Treinta y Tres orientales” pintado entre 1875 y 1877, y el célebre retrato de “Artigas de la Ciudadela de Montevideo” de 1884. También realizó otras numerosas pinturas de ambiente nacional, como diversos pequeños óleos representando escenas de la vida y trabajos del campo con figuras de gauchos; y numerosos retratos de personalidades de la historia y la sociedad montevideana de la época, como los Grales. Rivera, Oribe y Flores, de toda su familia, los retratos de 14 Presidentes de la República, y su propio autorretrato pintado en 1875.
Los cuadros de Blanes ornamentan algunos importantes edificios públicos, como las salas de sesiones de nuestro Poder Legislativo; y se exponen principalmente en el Museo de Montevideo especialmente dedicado a su obra. También pueden apreciarse en Internet, en la página del mismo Museo Municipal Juan Manuel Blanes, y en el Museo Virtual de Artes del Diario “El País” de Montevideo.

miércoles, 11 de abril de 2012



Sistemas Geocéntrico y Heliocéntrico





En el siglo II d.C., Claudio Tolomeo planteó un modelo del Universo con la Tierra en el centro. En el modelo, la Tierra permanece estacionaria mientras los planetas, la Luna y el Sol describen complicadas órbitas alrededor de ella.

Aparentemente, a Tolomeo le preocupaba que el modelo funcionara desde el punto de vista matemático, y no tanto que describiera con precisión el movimiento planetario. Aunque posteriormente se demostró su incorrección, el modelo de Tolomeo se aceptó durante varios siglos.

La primera y más famosa obra de Tolomeo, escrita originariamente en griego, se tradujo al árabe como al-Majisti (Obra magna). En Europa, las traducciones latinas medievales reprodujeron el título como Almagesti, y desde entonces se le conoce simplemente como Almagesto. En esta obra, Tolomeo planteó una teoría geométrica para explicar matemáticamente los movimientos y posiciones aparentes de los planetas, el Sol y la Luna contra un fondo de estrellas inmóviles. Esta obra no incluía ninguna descripción física de los objetos del espacio.





En el siglo XVI, Nicolás Copérnico publicó un modelo del Universo en el que el Sol (y no la Tierra) estaba en el centro. Las anteriores hipótesis se mantenían desde el siglo II, cuando Tolomeo había planteado un modelo geocéntrico que fue utilizado por astrónomos y pensadores religiosos durante muchos siglos.

Copérnico planteó y discutió el modelo heliocéntrico en su obra "De revolutionibus orbium caelestium" que se publicó justo antes de su muerte en 1543.

La teoría de Copérnico establecía que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día, y que una vez al año daba una vuelta completa alrededor del Sol. Además afirmaba que la Tierra, en su movimiento rotatorio, se inclinaba sobre su eje (como un trompo). Sin embargo, aún mantenía algunos principios de la antigua cosmología, como la idea de las esferas dentro de las cuales se encontraban los planetas y la esfera exterior donde estaban inmóviles las estrellas.



martes, 10 de abril de 2012

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEL SIGLO XVIII

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEL SIGLO XVIII

Hasta fines del siglo XVIII, la economía europea se había basado casi exclusivamente en la agricultura y el comercio.  Lo que hoy llamamos productos industriales eran, por entonces, artesanías, como por ejemplo los tejidos, que se fabricaban en casas particulares.  En una economía fundamentalmente artesanal, el comerciante entregaba la lana a una familia y ésta la hilaba, la tejía y devolvía a su patrón el producto terminado a cambio de una suma de dinero.

 
Esta forma de producción se modificó notablemente entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX.  El país donde comenzaron estos cambios fue Inglaterra.  Allí se daban una serie de condiciones que hicieron posible que, en poco tiempo, se transformara en una nación industrial; lo que permitió impulsar la inventiva y aplicarla a la producción y a los transportes.  Surgieron entonces los telares mecánicos, que multiplicaban notablemente la cantidad y la calidad de los productos, y los ferrocarriles y los barcos de vapor que trasladaron los productos de Inglaterra.

  Las innovaciones tecnológicas más importantes fueron la máquina de vapor y la denominada Spinning Jenny, una potente máquina relacionada con la industria textil. Estas nuevas máquinas favorecieron enormes incrementos en la capacidad de producción. La producción y desarrollo de nuevos modelos de maquinaria en las dos primeras décadas del siglo XIX facilitó la manufactura en otras industrias e incrementó también su producción.
Así es que en la Revolución industrial se aumenta la cantidad de productos y se disminuye el tiempo en el que estos se realizan, dando paso a la producción en serie, ya que se simplifican tareas complejas en varias operaciones simples que pueda realizar cualquier obrero sin necesidad de que sea mano de obra cualificada, y de este modo bajar costos en producción y elevar la cantidad de unidades producidas bajo el mismo costo fijo.